La lactancia sin idealizaciones
Expectativas vs. realidad, dificultades habituales y cómo acompañar sin juicio.
La lactancia está rodeada de muchos mitos y también de expectativas idealizadas que no siempre reflejan la realidad de muchas madres. Muchas mujeres llegamos al postparto pensando que amamantar es algo completamente natural e instintivo y que será fácil. Y aunque para algunas mujeres realmente lo es, para muchas otras el inicio de la lactancia viene acompañado de frustración y dificultades que jamás imaginaron vivir. Cuando aparecen los problemas, lo hacen además en un momento de vulnerabilidad física y emocional, en el que la lactancia pasa a convertirse en su prioridad absoluta.
Por este motivo es tan importante hablar de la lactancia y que las mamás estén preparadas desde el embarazo. Prepararse para la lactancia significa informarse y contar con herramientas y apoyo. Aunque existe un componente fisiológico, también influyen muchos otros factores, como pueden ser el tipo de parto, el postparto inmediato, el acompañamiento recibido, el estado emocional de la madre y el apoyo del entorno.
Idealmente, toda mujer debería tener acceso a una profesional formada en lactancia que pueda acompañarla desde el inicio, valorar las primeras tomas y detectar posibles dificultades. Porque, en caso de que aparezcan, el acompañamiento adecuado puede marcar una gran diferencia. Muchas veces, no es tanto la dificultad en sí lo que determina el rumbo de la lactancia, sino cómo se maneja y cómo se acompaña a la madre en ese proceso.
Uno de los problemas más frecuentes al inicio de la lactancia suele ser el agarre. Ya sea porque al bebé le cuesta engancharse al pecho, porque hay un agarre superficial o porque no se consigue una buena transferencia de leche. Las causas pueden ser muy diversas, desde una separación mamá-bebé tras el nacimiento, un parto instrumentalizado, el uso temprano de biberones que genere confusión tetina-pezón o anquiloglosia (frenillo corto). A partir de ahí, si no se realiza un buen manejo de la lactancia, puede desencadenarse una cascada de consecuencias, como dolor al amamantar, grietas en los pezones, baja ganancia de peso del bebé, obstrucciones, mastitis o la sensación de no tener suficiente leche.
Sin embargo, las dificultades no siempre vienen únicamente de la lactancia en sí, sino también del entorno que rodea a la madre. A veces el personal sanitario no cuenta con suficiente formación actualizada en lactancia. Otras veces son los comentarios del entorno los que hacen tambalear la confianza de la madre: “tu leche no alimenta”, “se queda con hambre”, o “dale un biberón para que descanses”. Aunque muchas veces estas frases se dicen con buena intención, pueden generar inseguridad y hacer que la mujer dude de su capacidad para amamantar.
Por eso es importante recordar el papel fundamental que tienen en esta etapa la pareja, la familia y las personas cercanas a la madre.
Cada historia es única, hay madres que consiguen superar grandes dificultades y continúan amamantando durante años, otras deciden llevar una lactancia mixta y otras deciden destetar antes de lo que habían imaginado. Cuando una lactancia no sale como se esperaba, muchas mujeres lo viven como un duelo. Les duele no haber podido tener la experiencia que deseaban con su bebé. Ahí es donde pueden aparecer los sentimientos de tristeza, culpa o sensación de fracaso. Por eso, acompañar sin juicio significa ofrecer un espacio seguro donde la madre pueda expresar lo que siente, recibir información actualizada y tomar decisiones desde la calma y no desde la presión o el miedo.
Más allá de cómo termine siendo cada lactancia, ninguna madre debería transitar este camino sintiéndose cuestionada o sin apoyo. Porque, en esta etapa tan trascendental, sentirse acompañada puede marcar una gran diferencia en la manera de vivir y recordar el inicio de su maternidad.











Benditos todos los úteros que crean vida.
Son madres que, a menudo, a los días te llaman para decirte que el bebé ya se ha colocado en posición cefálica, o que sus contracciones han disminuido o desaparecido, o que su placenta previa ya no lo es (para sorpresa del personal ginecológico).
Úteros de mujeres, que no entienden que les está pasando en estos momentos de su vida, que están cansadas de lo que han hecho hasta ahora, que ya no quieren seguir por el mismo camino. Son, en su mayoría, mujeres que están atravesando la etapa del climaterio, en la que no hay signos evidentes de que la menopausia está cerca, pero que sus cuerpos y su ser comienzan a expresar ese momento de transformación, momento en el que la mujer pasa de mirar hacia afuera a mirar hacia adentro, a buscar lo que ella necesita y no lo que los otros necesitan. Este cambio, a veces, viene acompañado de una crisis laboral, de pareja y/o vital que, si es escuchada, es la puerta para comenzar una vida más armoniosa con ellas mismas. 






